Doce Tribus
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Yom Kipur es el tiempo de identificar y confesar nuestras iniquidades. Las iniquidades son los malos hábitos heredados de nuestros padres o adquiridos durante nuestra vida, que dañan a los demás. Son las inclinaciones profundamente arraigadas que tenemos que vencer, las cuales nos hacen quejarnos en “nuestras tiendas”.

En el antiguo Israel era el día más solemne. Era el día en que el sumo sacerdote entraba al lugar santísimo y ofrecía el sacrificio por el pecado de toda la nación. Si Yahweh recibía el sacrificio, la nación quedaba limpia. Era una santa convocación en la que todo el pueblo debía humillarse delante de Dios, confesando sus pecados.

En la Nueva Alianza, Yom Kipur es también el día más solemne del año. Hay diez días de preparación que comienzan en Yom Teruah, día de las trompetas, y el último día es Yom Kipur, en el que somos limpios de nuestras iniquidades.

“Pero cuando Cristo apareció como sumo sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación, y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna.” [1]

Ya no tenemos que sacrificar más animales; Yahshua fue el sacrificio.

Esto nos coloca en otro entorno en la Ley, en un camino nuevo y vivo, pero aun así, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la Ley hasta que toda se cumpla[2].

El tiempo de prueba en el desierto fue suficiente para que Israel viera lo que había en sus corazones y para que pudieran afligir sus almas honestamente al darse cuenta de sus iniquidades. Ahora, Nuestro Padre nos hace pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino, como dice Pablo en Hechos 14:22. Si seguir a Yahshua nos causa sufrimiento es porque estamos en el Camino.

Si no encaramos nuestras iniquidades, entonces cuando llegue la “cosecha”, se arruinará por nuestras quejas y murmuraciones. Confesar nuestros pecados y encontrar la expiación, como pueblo, en el sacrificio de nuestro Maestro es la meta de Yom Kipur. Si hemos encontrado arrepentimiento en Yom Kipur, podremos regocijarnos en nuestras “cabañas” y celebrar Suckot.

1. Hebreos 9: 11-12 [atrás]
2. Mateo 5:18 [atrás]
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