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Sabemos que la Biblia es un libro de inspiración divina, cada palabra ha sido inspirada por Dios y está llena de significado. Entonces ¿Cuál es el motivo para que alguien arremeta contra una de las cartas de las Sagradas Escrituras, proclamando que no proviene de Dios?

Si hoy, cualquier líder cristiano afirmara que alguna parte del Nuevo Testamento no ha sido inspirada por Dios, sería inmediatamente catalogado como hereje o sectario por hablar en contra de la Palabra. Sin embargo, esto es lo que hizo el hombre que inició la Reforma Protestante, el famoso Martin Lutero. Entonces ¿Cómo quedó impune?

Martin Lutero dijo que la epístola de Santiago era una “epístola de paja”, refiriéndose a que arderá como paja el día del juicio. ¿Por qué lo dijo? Obviamente no le gustaban las cosas que ahí estaban escritas, pero ¿Por qué? ¿Qué es lo que le molestaba tanto de la carta de Santiago?

No le gustaba lo que Santiago dijo acerca de la fe y las obras, porque no favorecía su novedosa doctrina de “salvación por la fe solamente”. La doctrina de Martin Lutero de “salvación por la fe” es el fundamento que argumenta su separación de la iglesia católica.

Atormentado por un profundo sentimiento de culpa, debida a su propia conducta e incapacidad para estar a la altura de las buenas acciones que su iglesia requería, para concederle ser librado del purgatorio y acceder al cielo, concluyó que las buenas obras que la iglesia demandaba de sus miembros era una carga innecesaria. Así, su doctrina de “ salvación mediante la fe solamente” fue la respuesta. Martin Lutero enseñaba que la salvación es concedida solamente por la fe, y que cualquier otro requerimiento seria obrar para obtener la salvación.

Pero la carta de Santiago enseña que la fe se muestra a través de obras y que la fe sin obras no es verdadera fe.

Lutero, en vez de dudar de su “revelación” personal acerca de la fe, dudó de la autenticidad de la Biblia.

La fe sin obras

El tema de la carta de Santiago es que la verdadera fe será evidente por el tipo de obras (obras) que produce. Si la fe no conlleva obras, entonces es una fe muerta. En otras palabras, no te conducirá a la vida eterna que esperas.

La carta de Santiago es muy clara al manifestar que "la religión es inútil" si no va acompañada por obras. Una de las "obras" a la que Santiago hace referencia es "controlar la lengua." Martin Lutero era famoso por su abrasadora invectiva y lenguaje grosero. Así, tampoco acepta esta parte de la Escritura donde condena a los hombres que, "con la lengua bendicen a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres que han sido hechos a la imagen de Dios".

Algunos cristianos se molestan por la afirmación de que una persona que no muestra obras adecuadas no tiene verdadera fe. Exclaman ¡trabajas por la salvación! y justifican su comportamiento mundano y conducta inapropiada diciendo: "Soy salvo por fe". Pero Santiago dice que "la fe sin obras está muerta" y no puede salvarte.

La carta de Santiago explica lo que son obras mediante un simple ejemplo, como ayudar a un hermano necesitado que carece de ropa o comida. Explica, que si solamente le dices "Dios te bendiga" y no le das la ropa y comida que necesita, tu fe es inútil. No se refiere a obras como apoyar a los grupos de caridad local o enviar dinero para alimentar a los hambrientos en África, sino a la manera en que vivimos nuestra vida cotidiana, con los más cercanos.

Aunque el líder de la Reforma tuvo esta actitud, los cristianos protestantes de hoy no dicen que rechazan la carta de Santiago. ¿Cómo pueden entonces decir que siguen las doctrinas de Martin Lutero? Entender su razonamiento te dará una clave para entender lo que está pasando en gran parte de la religión. A los creyentes les ha sido presentado un "evangelio" que enseña la forma de leer la carta de Santiago u otras verdades escritas y al mismo tiempo desconectar mentalmente para no llegar a las conclusiones coherentes. Esto es lo que Santiago llama "engañar a su propio corazón."

Es como decir, "dos más dos son cinco", cuando sabes perfectamente que son cuatro. Puedes afirmar que la fe sin obras está muerta, y al mismo tiempo decir que no hace falta hacer buenas obras. Puedes razonar todos los mandamientos de las escrituras para desobedecerlos y juzgar a los que quieren obedecer diciendo: “eso es legalismo, la salvación es un don gratuito”

Religión inútil

Así, vemos una religión llena de glotonería, borracheras e incluso asesinato en el nombre de Dios, por gente (incluido Martin Lutero mismo) que justifican sus obras con el pensamiento que la salvación es solo mediante la fe sin importar las obras. Pero Santiago pregunta: ¿Puede su fe salvarles?

Santiago continua marcando su pauta más rigurosamente al escribir a los creyentes, “Si alguno se cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón, la religión del tal es vana”.

¿Qué es la religión vana de la que habla Santiago? Está dirigiéndose a creyentes ¿No es así? Creen que tienen fe para ser salvos y piensan que son religiosos pero él no refrenar su lengua hace su religión inútil.

Por lo tanto lo que haces importa…si tienes la fe que obra.

“El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él”[1]

¿Son “obras” el obedecer sus mandamientos? ¿Es guardar los mandamientos “obras inútiles” que no tienen nada que ver con ser salvos por fe? Entonces ¿Para qué hemos sido salvos? sino para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.

Si eres semilla de Abraham harás las obras que él hizo, como dijo el Hijo de Dios en Juan 8:39. Santiago que entendía la necesidad de las obras, estaba escribiendo a un elemento que se estaba introduciendo en la iglesia primitiva que negaba la necesidad de hacer obras, convirtiendo a la iglesia en una religión inútil, sin obras que demostraran su fe.

La iglesia ha de ser construida sobre el fundamento de escuchar al Espíritu. Esto es lo que significa tener revelación, como el Maestro dijo a Pedro: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos”. Sobre esta profunda comunicación al corazón del hombre está basada la promesa a la iglesia de poseer las llaves del Reino y que las puertas del Hades no prevalecerían contra ella.

Obviamente, en el tiempo de la carta de Santiago, la iglesia estaba siendo engañada al escuchar a “carne y sangre. Santiago trató de mostrarles que la fe que estos hombres predicaban era vana, porque no les llevaba a hacer buenas obras. No eran salvos mediante esa “fe”. Está fe no salva.

 

1. 1ª Juan 2:4 [atrás]
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