Doce Tribus
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Esta historia es verdadera, ocurrió hace muchos años, cientos, pero la gente se olvidó de ella. Como ha ocurrido con situaciones que la gente ha vivido y aunque hayan involucrado mucho sufrimiento, el tiempo las ha llevado al olvido.

Ocurrió en Egipto. El gobernante de ese tiempo, un faraón, tenía grandes construcciones que estaban siendo hechas por una gente que eran sus esclavos. Ellos hacían los ladrillos para estos edificios. Era un pueblo numeroso. Llevaban esclavizados 400 años.

Pero algo comenzó a ocurrir. Un profeta y su hermano fueron a la presencia de este gobernante. Eran enviados por el mismísimo Creador. Lo único que querían era pedir que dejara libre a este pueblo, ese era el mensaje.

Pero ¿Cómo? ¿Cómo iba a dejar ir a aquellos que trabajaban para él? Eran por lo menos un millón de personas.

El corazón de este faraón era duro, esa era la esencia de su corazón. Comenzaron a venir plagas debido a su terquedad, él no quería entregar a este pueblo. No se daba cuenta que el Creador del universo era su Dios, aquel a quien habían clamado por liberación. Él quería hacer de ellos un reino de sacerdotes que expresaran amor y unidad, lo que hace parte de su carácter y también que comunicaran vida y paz por todo lo que salía de sus bocas.

La primera plaga hizo que el agua del rio Nilo se convirtiera en sangre, los peces murieron y estuvieron algunos días sin el precioso líquido, pero esto no ablandó el corazón de este Faraón. Dios no podía forzar al Faraón a ir en contra de la dureza de su corazón.

Luego vinieron más plagas, ranas que llenaron la tierra y aparecieron por todos los lugares. Después piojos que salieron en los hombres, después que el profeta había golpeado la tierra con su vara.

En los siguientes días enjambres de insectos llegaron. A continuación una peste mató todo el ganado y después vinieron úlceras que estaban en los hombres y animales.

Después de cada plaga ocurría que el faraón parecía dispuesto a hacer lo que se le pedía y el profeta oraba para que se detuvieran las plagas pero luego se echaba atrás endureciendo su corazón, negando la petición que se le hacía. Los dioses que él tenía estaban siendo humillados, no podían hacer nada en contra de todo lo que estaba pasando.

Vino granizo y fuego del cielo. Todo lo que no estuviera bajo techo era devastado. Los siervos del Faraón veían que algo no estaba yendo bien con su gobernante. ¡Iban a ser destruidos! Solo tenía que dejar ir a este pueblo. Pero su orgullo era muy grande.

Pasaron 3 días y 3 noches donde solo “veían” oscuridad, una tan grande que podía palparse, no podían encender ningún fuego para iluminar su vivienda, era imposible hacerlo. Lo que estaba ocurriendo era sobrenatural.

Mientras todo esto pasaba, el pueblo que pedía su liberación era librado de las plagas, no estaban siendo tocados por ellas. Esto también era algo sobrenatural.

El Faraón llevó su enojo al máximo, no quería que el profeta y su hermano volvieran a verle. Y así fue….

Vinieron instrucciones muy precisas para aquellos que clamaban por su libertad, deseaban ardientemente dejar su esclavitud. Ellos eran pastores por esencia. Deberían coger un cordero de su rebaño, el mejor, el que podía darles una buena descendencia. Tenía que tener 1 año, no podía ser defectuoso y lo guardarían en sus casas por 4 días. Luego cuando el profeta les indicara, deberían sacrificarlo. Esto era realmente doloroso, porque  sabían el sufrimiento que les costaría hacerlo.

La sangre del animal debía ser puesta en un bol y con un hisopo deberían pintar los postes de la puerta y el dintel. Debían comerse al animal entero, podían compartirlo con otra casa si era necesario. Y luego tenían que esperar…

¿Dónde iban a esperar? TENÍAN QUE ESTAR DENTRO DE SU CASA. Ese era el lugar de protección junto con la señal de la sangre en la puerta de este inocente animalito. El día comenzó a declinar y todos estaban allí, esperando… La noche era de luna llena. A media noche ocurrió… Si hubieras estado allí, nunca te hubieras olvidado…

Al principio se escuchaba como un susurro, pero fue aumentando y parecía que llenaba todos los lugares… Era un sonido de llanto y lamento.  La gente estaba llorando. La muerte había tocado sus casas, el primogénito de cada familia y de todos los animales, estaba muriendo. Está escrito que hubo un clamor que nunca ha habido y nunca habrá una noche como aquella.

Solo aquellos que estaban en sus casas y que tenían en sus puertas la señal de la sangre del cordero, escapaban de esta última plaga…

Esta fue la primera pascua… Tenían que seguir recordando lo que les había pasado y pasarlo a las generaciones siguientes. Cada año tendrían que escoger el mejor cordero, sin defecto, de 1 año y llevarlo al templo, sacrificarlo. Poner sus manos en el animal, para recordar que la muerte de este, había sido a cambio de sus vidas. No podían olvidarlo, habían sido esclavos y esta muerte les había liberado, porque después de esta plaga pudieron salir de Egipto, hacia la tierra que su Dios les había prometido.

Pasaron muchos, muchos años, cientos y vino Yahshua (el cordero de Dios), ÉL venía a cumplir el papel de este inocente corderito. Pero para su época, muchos se habían olvidado de lo que su pueblo había vivido, iban al templo y compraban un animal a las puertas del edificio, no importaba cual era la condición del mismo, su “sacrificio” se había convertido en un ritual sin sentido, una forma que la mayoría guardaba, sin alcanzar la dimensión de lo que hacían.

Pero para unos pocos no era así, todavía guardaban de corazón y fielmente lo que había sido pasado a ellos de generación en generación. Estos, escogían el mejor animal de su rebaño, lo sacrificaban y tenían presente que muchos años atrás habían sido liberados de la muerte y de la esclavitud (por la señal de la sangre del cordero puesta a la entrada de sus casas). Ellos recordaban la historia, la tenían presente. Para estos que lo hacían, la vida de Yahshua (el cordero de Dios) tocó sus corazones. Sus palabras eran liberación para sus almas que deseaban algo verdadero, una vida real, libre del egoísmo que reinaba en sus corazones.

Cuando Yahshua fue sacrificado el día en que se celebraba la fiesta de la pascua, supieron que Él era el cordero, Dios mismo había hecho un sacrificio para rescatarles de la muerte y de la esclavitud de sus vidas sin sentido.

Lo que había pasado años atrás en Egipto era una sombra de lo que ocurriría después. Ya no tendrían que sacrificar más animales. El sacrificio de Yahshua era suficiente y también era la muestra del gran amor que Dios tiene por su más alta creación. Él pagó el precio para rescatarles de la muerte.

Los que verdaderamente entendieron el mensaje, comenzaron una nueva vida. En la festividad de Pentecostés, después de escuchar el testimonio de aquellos que creyeron en el sacrificio de su amigo, 3.000 clamaron en las aguas para ser perdonados y comenzar a ser salvos de esta perversa generación.

Entonces, todos los que creían vivían juntos cada día, vendían sus posesiones, tenían todo en común, amaban estar juntos, aliados para siempre, sabiendo bien lo que Él les enseño, amarse unos a otros, como Él lo había hecho entregando su vida hasta el final. Pero Él había resucitado, Él estaba vivo, la muerte no podía retenerlo, no tenía ni una pizca de egoísmo.

Esta vida de comunidades está detallada en el libro de Hechos, capítulo 2 y 4. Pero con el paso del tiempo, al igual que el comienzo de esta historia, olvidaron lo que su Maestro había comunicado a su corazón y solo unos pocos mantuvieron su amor por la vida y el amor que había sido mostrado a ellos.

Entonces comenzaron de nuevo las formas, los rituales y la palabra Pascua solo fue una más. Ya no tenía que ver con lo que pasó aquella noche en Egipto. Esto era el comienzo para entender lo que el cordero de Dios vino a traer con su vida y la liberación de la esclavitud y de la muerte en  la que el hombre vive. ESTO QUEDÓ EN EL OLVIDO.

Ahora que se acercan las “fiestas de semana santa” y la situación que la humanidad entera vive con la aparición de un virus microscópico,  nos ha llevado a ESTAR DENTRO DE LAS CASAS para protegernos de su efecto. Pero falta algo en las puertas, una señal, ¿será que todos la tenemos?

Si estás en tu casa pensando sobre esto que todos estamos viviendo y has anhelado salir realmente del entorno de una vida sin propósito, si sientes que hay algo más profundo por lo que se puede vivir y dar la vida, esta historia puede ser el comienzo de la respuesta a tus preguntas.

Si quieres saber más, puedes venir a conocernos en una de nuestras direcciones. Nosotros estamos como tú, dentro de nuestras casas, estamos en la misma condición, pero hay una diferencia, tenemos la esperanza y certeza que hemos pintado nuestra puerta con la sangre que nos ha dado la posibilidad de vivir la vida que el cordero de Dios trajo a la tierra. Una vida de amor y unidad para la cual realmente fuimos creados. Estamos esperando que llegue la festividad de la Pascua, la cual tiene un significado profundo en nuestras vidas. Hemos salido del entorno de vivir para nosotros mismos y estamos siendo liberados de la esclavitud del egoísmo en el cual vivíamos, hemos sido perdonados y esta señal en la puerta de nuestro corazón es la que queremos tener en nuestras relaciones, que no haya nada de muerte en medio y podamos solamente amar, entregando nuestras vidas unos por otros, cumpliendo el propósito para el cual el ser humano fue creado.

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