Doce Tribus
943.63.23.16
 
 
Hola Invitado, login
 

¿Has escuchado a alguien decir esto? Yo sí. Es lo que suelen decir los predicadores, los evangelistas y la gente corriente acerca de este incómodo pasaje del Nuevo Testamento:

“Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.” (Mar. 10:21)

¿No dijo eso sólo para el joven rico? ¿No era sólo para él y no para los demás? Ya sabes, para los que tienen un “problema” con sus riquezas. ¿No es eso lo que el contexto nos muestra? Puedes ver que el joven rico tenía un “problema” con sus riquezas, porque se fue triste.

Pero, ¿quién teniendo riquezas, no pone su confianza en ellas? Cuando quebró la Bolsa, durante la Gran Depresión en EEUU, muchos se suicidaron arrojándose al vacío por las ventanas. Al perder sus riquezas, ya no tenían a qué aferrarse. Ciertamente confiaban en sus riquezas, y al desaparecer éstas, se quedaron sin seguridad alguna.

Si lees la historia con atención, podrás ver que el joven rico confiaba en Yahshua* de manera considerable. Parece que conocía al Maestro y su mensaje mejor de lo que pensamos, ya que fue a Él sabiendo que Yahshua podía darle lo único que le faltaba, la vida eterna. Incluso sabía que tenía que hacer algo para obtenerla. Pero la respuesta que recibió a su pregunta, “Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?” no fue en absoluto lo que esperaba.

“Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.”(Mar. 10:21)

Algo muy difícil de hacer si amas tu propia vida en este mundo, pero no si odias tu vida en este mundo.[1]

 

Riquezas: Consecuencias eternas

Yahshua dijo, “Ay de vosotros los ricos, porque ya estáis recibiendo todo vuestro consuelo.” Esto significa en esta vida, no en la siguiente. La palabra ¡ay! sugiere finalidad.

Sugiere condena o juicio inminente de manera categórica. Si uno ha pasado la mayor parte de su vida persiguiendo las riquezas y la falsa sensación de seguridad que proporcionan, cuando muera, su alma estará marcada por ello eternamente, y tendrá que sufrir las consecuencias de haber cedido ante la mezquina ambición de bienes y riquezas. Su destino eterno estará entre los injustos y sucios de la humanidad, y permanecerá en ese estado por toda la eternidad.[1]

Si el “joven rico”[2] hubiera estado dispuesto a reconocer su apego a las riquezas cuando inquirió sobre la vida eterna al que llamó “Maestro bueno”, y sencillamente, hubiera obedecido, su alma, eterna,habría sido liberada de la prisión de su culpa: el amor al dinero. En respuesta al evangelio, se habría hecho pobre para llegar a ser verdaderamente rico. [3]

1 Apoc. 22:11;

2 Mar. 10:17-30;

3 Mar. 10:28-30

 

Darle un millón de shekels... subir las escaleras del Templo de rodillas... construir un orfanato... ir al monte Sinaí en el desierto y escuchar la voz de Dios... Habría estado dispuesto a hacer muchas cosas a cambio de la vida eterna, incluso “¡sólo creer!”; pero entregar todas sus posesiones y seguirle... ¡era demasiado! El Maestro bueno y él tenían ideas diferentes acerca de “lo que le faltaba” para obtener la vida eterna.

El Joven rico supo con toda claridad cuál era el coste de ser liberado de la culpa que pesaba sobre su conciencia, y entonces, encogiéndose de hombros, despreció la vida eterna a cambio de sus posesiones. Para reparar el daño que había ocasionado a otros, al nombre de Dios y a su propia alma, con el fin de conseguir riquezas y una vida cómoda, debía perder aquello que no quería dejar. Sus posesiones eran su seguridad.

De modo que el precio para obtener el “tesoro en los cielos”, era demasiado alto: Debía honrar a Dios obedeciendo sus palabras. Esto suponía admitir humildemente que el Maestro bueno conocía la solución al problema de su estado de culpabilidad. También significaba que tendría que hacer todo lo posible para satisfacer el deseo de su Padre de que “en su tierra, no hubiera necesitados.”[2] Además, era necesario que enmendara cualquier error que hubiera cometido como hombre rico.

Había otro hombre rico, un recaudador de impuestos, que también entendió esto. Al encontrarse con la misericordia de Dios personificada en Yahshua entendió, al igual que el joven rico, que había que hacer algo para ser digno de recibir al hijo de Dios.[3] Zaqueo dio la mitad de sus bienes a los pobres y devolvió el cuádruple de su ganancia a los que había defraudado.[4] Puede que esto suene herético, pero todo depende de dónde esté tu corazón: “donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.”[5]

Posiblemente, al joven rico le hubiera gustado que fuera al revés: “donde esté tu corazón, allí estará también tu tesoro,” pero el Salvador nunca dijo eso. Así que el hombre se marchó afligido y triste, porque entendió la magnitud de la decisión que tenía ante él. Hoy en día la mayoría de la gente no tiene una conciencia tan sensible, y simplemente se dan la vuelta encogiendo sus hombros. “Dura es esta declaración; ¿quién puede escucharla?” dicen, y se marchan.

Yahshua sabía, que para muchos, sería fácil considerar las circunstancias de este “hombre rico” como un caso particular, y no ver que esta llamada de dejarlo todo se ha de aplicar a todos los que crean en Él. El gran “asombro” de sus discípulos demostraba que, en verdad, ni siquiera ellos entendían. Sin embargo, estuvieron dispuestos a hacer lo que el joven rico no estuvo dispuesto a hacer: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.”[6]

Ellos querían saber:“¿Qué pasa con nosotros?, ¿hay vida eterna para nosotros?”

Recuerda que sus discípulos eran pobres y no ricos. Entonces, ¿era también para ellos? Al decir después: “No hay nadie...” Yahshua generalizó las palabras que le había dicho a este joven rico, dejando claro que se aplican a todos, tanto ricos como pobres:

“En verdad os digo: No hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y tierras junto con persecuciones; y en el siglo venidero, la vida eterna”. (Mar. 10:29-30)

Lo que hay en el fondo del tema de las posesiones es algo más que la seguridad. Es un asunto de autoridad. Yahshua no estaba enseñando a sus discípulos a predicar el evangelio de una manera filantrópica, estimulando a los ricos a dar limosna. No les estaba diciendo que la vida eterna estaba a la venta, a cambio de obras de caridad o limosnas, sino queestaba comunicando algo decisivo acerca de la salvación: “¿Vais a hacer lo que quiero que hagáis?”

Conociendo lo que hay en el corazón del hombre, el Maestro puso el dedo en la llaga. Lo que dijo a este hombre es lo mismo que dice para todos:

A menos que yo sea la máxima autoridad en tu vida no hay salvación para ti. Por eso dijo a las multitudes en Luc. 14:33, “Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones, no puede ser mi discípulo.”

Cuando los discípulos preguntaron asombrados: “¿Quién, entonces, podrá salvarse?,”su respuesta les confortó:“Todas las cosas son posibles para Dios.”[7]Lo que la mayoría pasa por alto es que después, en los versículos 29-30, explica cómo todas las cosas son“posibles para Dios”: dejándolo todo por causa de Él y del evangelio, y obteniendo a cambio, por tanto, cien veces más, al compartir la vida con los que también han creído, junto con persecuciones, y en el siglo venidero, la vida eterna.

Aquellos que no quieren ver esto, tienen que aceptar el hecho de que si Dios concediera la vida eterna a alguien que no obedeciera su palabra, estaría negando su propia palabra, lo cual es una contradicción ¿No es esto esperar demasiado, tratándose de la vida eterna?

*Para más información sobre el nombre Yahshua, ver “¿Qué hay en su Nombre?”
[1] 1 Juan 12:25-26
[2] Deuteronomio 15:4
[3] Mateo 10:37-38
[4] Lucas 19:1-10
[5] Mateo 6:21
[6] Marcos 10:28
[7] Marcos 10:26-27

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Avatar
Captcha *
Espera por favor!
Publicaciones recientes