Imprimir

La economía esta fuera de nuestro alcance. Riqueza inimaginable está por todas partes. América controla el mundo. ¿Pero porqué todo mundo está deprtimido?”[1]

A medida que la civilización irrumpe en el siglo XXI, muchos disfrutan de una prosperidad económica sin precedentes. Aun así, el porcentaje de gente que sufre de soledad y alienación ha alcanzado cotas sin igual en la historia humana. ¿Por qué?

La cruda soledad a la que muchos se enfrentan mientras desayunan en el bar de la esquina, es solo un efecto secundario de la cultura en que vivimos. Al mismo tiempo que el mundo industrializado flota en una balsa de riquezas, logros médicos y científicos y una esperanza de vida sin igual, la gente se ahoga en una epidemia de tristeza.

Los escépticos dirán: ¿Crisis?, ¿qué crisis? Pero si quitas los escaparates, las luces de neón y la brillante fachada que caracteriza la sociedad actual, se hará evidente que, a nivel fundamental, algo va mal en la vida de muchas personas. Y no es tanto lo que le está pasando a la gente, como lo que NO le está pasando. Falta algo vital. Algo esencial y significativo ha sido desplazado y algo hueco ha tomado su lugar.

La presión que el sistema ejerce, más allá de nuestro control, amenaza seriamente la vida y la integridad de las personas. La gente trata de aplacar su ansiedad aferrándose a lo que pueden: antidepresivos,[2] espiritualidad "nueva era", viajes, multimedia... en un intento de hacer frente a la realidad.

El radical francés Guilles Ivain, escribió hace 30 años:

“Una enfermedad mental ha barrido el planeta. No más risa, no más sueños. Solo un tráfico interminable de miradas vacías. Todos muriendo en una pesadilla, hipnotizados por el trabajo y el confort.”

Para aquellos que viven en esta sociedad de máximo consumo, se plantea una pregunta: ¿Habremos ganado poder y riqueza a cambio de una parte de nuestra alma? O, como dijo un profeta incomprendido hace 2.000 años:

Pues, ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? O, ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?

En el momento en que te enfrentas a estas preguntas, la fachada fría y comercial de esta civilización magnífica se disuelve de inmediato. Lo que queda ante ti, son los hilos de la telaraña psico-socio-ciber-cultural, y detrás de ti, la estela de una existencia sin sentido.

¿Por qué estoy triste? ¿Para qué fui creado? ¿Por qué no puedo amar? ¿Para qué estoy viviendo?

Estas preguntas atormentan el alma, como si uno se encontrara atrapado bajo la capa de hielo de un río congelado, buscando desesperadamente un agujero para poder salir del agua, pero... ¿dónde está la salida?

Y entonces, en medio de una sociedad donde reina la soledad, aparece Internet...
En vez de las clásicas relaciones, la gente prefiere las “ciber relaciones”, “cultura net”,”chat rooms” son el último grito. A través de un hilo, puedes comunicarte con otra persona que está en cualquier lugar del planeta para “hablar” de un tema de interés común. Así puedes obtener información especializada en un instante y sentirte realizado.

De este modo, la humanidad ha dado un repentino salto desde un entorno real a uno electrónico. Durante generaciones, los seres humanos han aprendido de la naturaleza y de la interacción mutua. Ahora, obtienen conocimiento de las pantallas de los ordenadores.

¿Puede estar relacionado esto con el inquietante aumento de la soledad y las depresiones clínicas?

Estos “placebos” tecnológicos levantan el ánimo, calman los nervios, y tratan de llenar el vacío cada vez mayor en la vida de las personas. De las pantallas emanan miles de mensajes explícitos y subliminales, cargados de sexo y violencia.

El propósito encubierto de esta cultura electrónica es mantener a la gente entretenida y entumecer la voz de la conciencia.

La depresión es un síntoma que nos está avisando de algo importante acerca de nosotros mismos o de nuestra cultura. Aunque no tiene sentido cortar los cables de la alarma con antidepresivos, un incalculable número de personas lo está haciendo. Para las masas, que están siendo sutilmente conducidas a adaptarse a este nuevo orden mundial, todo está bien. Simplemente, la alarma no suena.

El postmodernismo es una filosofía que dice que hemos alcanzado el punto final en la historia de la humanidad. Las tradiciones “modernistas” de progreso e incesante extensión de las fronteras innovadoras, están muertas. La originalidad ha muerto. La tradición artística de vanguardia, está acabada. Todas las religiones y visiones utópicas están muertas. Y la oposición al statu quo es imposible, porque la revolución también ha muerto.

Nos guste o no, la gente está atrapada en una crisis permanente de identidad donde nada tiene sentido, como en un cuarto oscuro del que nunca pueden escapar.
Sorprendentemente, hace 2.500 años un profeta llamado Daniel tuvo una visión de todo esto[3], El esplendor político, social, religioso y económico de esta emergente sociedad estaba representado por una enorme estatua: un coloso.

Su aspecto era sobrecogedor, impresionante, de un extraordinario esplendor. Los pies del Coloso representaban el sistema político, dominado por la religión, que gobernará en el planeta en los últimos días de la historia de la humanidad.

El Coloso se introducirá en todos los aspectos de la vida de las personas, dictando leyes morales para sostener la decadente sociedad; mientras ofrecen paz, prosperidad y seguridad para los que se sometan a su dominio.

Igual que Roma abrazó el cristianismo para salvar su imperio de la decadencia, el Coloso unirá su fuerza a esta poderosa religión del mundo, haciendo aparecer un nuevo "estado-iglesia" global que dominará el mundo entero.

La gente cambiará sus libertades por seguridad en este nuevo orden social; y todos aquellos que no prometan fidelidad al Coloso, serán “tratados” con las medidas oportunas. Después de todo, ¿quiénes, sino los completamente rebeldes se opondrían a esta "perfecta" sociedad?

El Coloso ya está en la raíz de todo lo que está sucediendo hoy en la sociedad. Las fuerzas que están trabajando, aunque se manifiesten a través de palabras y actos de hombres y naciones, tienen su fuente en el gobernante espiritual de este mundo: Satán (en hebr. adversario).

Esto puede resultar difícil de creer, ya que Hollywood y los medios de comunicación han presentado a Satanás como un ridículo y fantástico diablo con cuernos, que es la estrella de los dibujos animados de los sábados por la mañana, y un antiguo mito del cristianismo, por lo que no se le puede tomar en serio.

Mientras tanto, este virtuoso propagandista (Satanás) ha estado dirigiendo con gran maestría a toda la humanidad hacia un destino específico: “una magnífica civilización.”

Muchos se burlarán de esta antigua profecía de Daniel y de su importancia en relación con lo que está sucediendo en la actualidad, pero el paralelismo de este sueño con el clima político y religioso del mundo contemporáneo es escalofriante.
Puede gustar o no, pero cuando uno mira bajo la capa de barniz de la brillante vida moderna, se enfrenta con una humanidad decadente y sin esperanza. Llenar este vacío con bienestar es la especialidad del Coloso. Mientras promete prosperidad y seguridad, está aplastando las libertades y las conciencias de los hombres.

Pero hay algo más que está formándose, algo más en el horizonte. Nada tiene que ver con el Coloso. Viene de una fuente diferente. Al final, destruirá toda traza del Coloso... Está justo a la vuelta de la esquina. (ver artículo sobre Una Nueva Cultura)

1. “America the Blue”, por Kalle Lasn and Bruce Grierson, The Utne Reader, September 22, 2000 [atrás]
2. “¿Cuantos millones y millones de personas toman Prozac y Zoloft y muchas otras drogas? Tenemos más adultos tomando antidepresivos que el Instituto Nacional de Salud Mental estima que son personas deprimidas en los Estados Unidos. El Mercado esta saturado, Así que las presiones automáticamente de mueven a otros mercados. Y el mercado próximo más grande son los Niños.” (Dr. Peter Breggin, May 3, 2001, interview for the PBS Frontline Special “Medicating Kids”, http://www.pbs.org/wgbh/pages/frontline/shows/medicating/interviews/breggin.html) [atrás]
3. Marcos 8:36-37 [atrás]