Doce Tribus
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Creemos que la tarea más importante de la iglesia en la tierra es educar a sus hijos para que entren en el reino de Dios. Si un niño no recibe una educación adecuada, el resto de su vida será miserable, fácilmente inducido a error, con falta de vitalidad, integridad y verdad. Dios siempre ha instruido a su pueblo para que hagan todo el esfuerzo posible para educar a sus hijos de acuerdo a sus mandamientos.

 “para que temas al SEÑOR tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados.

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:2,7)

Nosotros, como discípulos de Yahshua somos responsables de obedecer toda la Palabra de Dios, y es en obediencia a ésta que debemos asumir la educación de nuestros propios hijos. No podemos meramente enseñarles entre los 6 y 16 años, sino que debemos instruirlos y disciplinarlos diligentemente desde la infancia hasta que adquieran la capacidad de juzgarse a sí mismos responsablemente.

Nuestro Padre ha provisto el ambiente perfecto para desarrollar esta tarea en el entorno de la comunidad, donde prevalece el orden de Dios, bajo su buen gobierno.

En este entorno nuestros hijos están siendo preparados de acuerdo al propósito de Dios, para alcanzar la meta más alta en esta vida, entrar en el reino de los cielos.

LAS PROFUNDAS CONVICCIONES RELIGIOSAS QUE COMPARTIMOS

Nuestros hijos son nuestro futuro. No solo tenemos un gran deseo de que desarrollen al máximo su potencial, sino que consideramos que la educación de los hijos es un mandato divino, un derecho inalienable del niño y la responsabilidad de los padres. El sentido común enseña que es normal que los padres quieran que sus hijos les sigan. La comunidad apoya a los padres para llevar a cabo esta responsabilidad de educar a sus hijos. Queremos que nuestros hijos sean capaces de pensar claramente, comunicarse efectivamente, juzgarse a sí mismos y juzgar todos los asuntos de la vida de acuerdo a un criterio justo. Queremos que desarrollen plenamente su potencial en todos los aspectos de su persona: mental, físico, espiritual, emocional y social.

Están siendo educados para desempeñar funciones y desarrollar el "nuevo orden social" en el que viven, y también a funcionar dentro de la sociedad; por esto, no solo se les enseñan las leyes de Dios, sino también cuáles son sus derechos, privilegios y responsabilidades como ciudadanos dentro de la sociedad y a entender su funcionamiento y el del Gobierno de la nación española. Queremos preservar y estimular en ellos el deseo innato de aprender para que nunca dejen de crecer en entendimiento y sabiduría. Queremos que sean responsables de sus pensamientos y obras, hombres y mujeres de recursos, capaces de escuchar y aprender de los demás, ser creativos y ejercitar su imaginación. Queremos que sean seres humanos despiertos capaces de adaptarse a cualquier circunstancia en la que se encuentren. Nuestra filosofía de educación está completamente integrada dentro de nuestras creencias religiosas, por lo tanto hablar de educación es hablar de creencias religiosas y su libre ejercicio.

Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios y que ésta debe ser el fundamento sobre el que edificar nuestras vidas. No nos estamos inventando nada nuevo, vivimos cómo vivían los primeros discípulos (Hechos de los Apóstoles2:44).

Jesús dijo que no hay mayor amor que dar la vida por tus amigos y esto es lo que hacemos unos por otros diariamente. Todo nuestro trabajo y esfuerzo esta puesto al servicio de nuestros hermanos y hermanas en la comunidad. Pensamos que esto es el Reino del que el Mesías hablaba y es la característica que nos diferencia de la sociedad establecida donde cada uno vive principalmente para sí mismo. Llevamos muchos años viviendo de esta manera y estamos experimentando que es posible. Sabemos que si todos los hombres vivieran así se acabarían todos los problemas que el mundo sufre y nuestra esperanza es que así será un día. Estamos convencidos de que esta vida que nosotros experimentamos hoy, llenará toda la tierra algún día.

La alianza del matrimonio, el respeto de los hijos hacia los padres, la unidad familiar son valores muy importantes para nosotros. Enseñar a nuestros hijos a ser respetuosos y amorosos unos con otros y con todos es la piedra fundamental de nuestra educación. Buscar la unidad y la paz con los demás es básico en nuestra vida. La violencia no tiene lugar en nuestro medio. Creemos también que este modo de vida es la única esperanza de salvación para la humanidad, y nuestro Maestro Yahshua (Jesús) es el único hombre que obedeció perfectamente este mandamiento. Como pueblo, convencidos de corazón y por motivo de conciencia hemos escogido vivir de acuerdo a su Palabra y su Camino. No podemos apartarnos de esto. No tenemos otra esperanza.

La familia es una institución independiente. El área dentro de los límites de la autoridad parental es más extensa que cualquier otra institución en la tierra. Dios ha dado a ambos padres por igual el derecho de gobernar sobre sus hijos y además, los padres son responsables ante Dios por la manera en que los eduquen.

Nuestros matrimonios descansan sobre un fundamento sólido. El matrimonio no es invención nuestra, para hacer con él lo que queramos, sino es Dios quien posee la patente del matrimonio y la familia. Así nosotros, como seres humanos, no tenemos la autoridad de redefinirlo o rechazarlo en el caso que no se adapte a nuestras conveniencias. El matrimonio no es el invento de un sociólogo o un psicólogo, ni  tampoco el producto de una cultura dominada por el varón para oprimir a la mujer. Es una creación de Dios, de gran importancia y que existe para la gloria de Dios.

La dignidad del matrimonio y la familia radica en el hecho de que es la creación soberana, por la misma Palabra de Dios, para la mayor expresión de su imagen en la creación, el hombre. Dios creó al hombre, varón y hembra, y ambos unidos son la imagen de Dios.

El matrimonio es una alianza de sangre. Una alianza hasta la muerte. Romperla es romper tu palabra, manchando para siempre tu buen nombre.

Esta unión ensalza la personalidad de ambos si ha sido hecha con integridad. Es el fundamento de la confianza mutua. Es el fundamento de la familia, como Dios la entiende, y es el entorno donde se pueden criar hijos íntegros que lleguen a ser adultos responsables, capaces de limitar su propio egoísmo y mostrar amor y respeto por todos los seres humanos. Es la base de una sociedad moral. La devastación de la sociedad actual es el resultado directo del abandono de la alianza de amor.[1]

1. Mateo 5:27-32; 1 Corintios 6:9; Hebreos 13:4; Mateo 19:3-9 [atrás]

Los caminos de Dios son sencillos. Vemos su amor en lo que nos ha hablado. Nos está guiando a hacer lo que le agrada y lo que le agrada resulta ser saludable para nosotros. Igual que los padres quieren darles a sus hijos lo mejor, así nuestro Padre celestial está profundamente interesado en proveer para su pueblo la mejor alimentación.

Uno de los fundamentos de una buena salud es una buena nutrición. Nuestro enfoque está en los cereales integrales, las legumbres, los frutos secos, las semillas, el aceite de oliva, las frutas y vegetales frescos.

Hace mucho que nos dejamos de consumir alimentos procesados y envasados. Hemos aprendido el gran valor de comer la mayoría de nuestros vegetales y frutas crudos o poco cocinados. Así su integridad nutricional permanece intacta, proveyendo las enzimas necesarias para que hagan su trabajo en nuestros cuerpos. Nuestros cuerpos están diseñados para estar sanos y sanarse a sí mismos si se les provee con los nutrientes necesarios, libres de contaminantes. Por esta razón cultivamos nuestra propia comida. Tenemos la habilidad de cultivar alimentos ecológicos de calidad superior. Y no solamente ecológicos sino también nutritivos pues crecen en suelos ricos en minerales y nos mantienen sanos por muchos años.

Evitamos el uso de carnes comerciales por la terrible manera en que se cría y se sacrifica. Simplemente no es comestible para nuestro estándar. No comemos carne muy a menudo, la consideramos como algo especial para ser consumirla con motivo de alguna celebración especial. La obtenemos de nuestro propio ganado. Sin embargo, el pescado azul, como la caballa, es parte de nuestra dieta regular. También obtenemos leche y huevos de nuestros animales y hacemos yogurt y quesos frescos o tiernos.

Hay cosas que no consideramos comida como el marisco o el cerdo. Esto está basado en la ley del Antiguo Testamento.[1]

El sentido común nos enseña a beber suficiente agua pura y hacer ejercicio aeróbico y anaeróbico. Irse a la cama con la confianza de una buena consciencia hace mucho para ayudar a los efectos rejuvenecedores del sueño durante la noche, restaurando nuestra fuerza y claridad mental para otro día de servicio a nuestras familias, amigos, vecinos y a nuestro creador.

 

1. Levítico 11:1-23 [atrás]
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