Doce Tribus
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Nuestros hogares no pretenden ser lujosos, sino prácticos y agradables.

Aunque vivamos varias familias en una misma casa comunitaria, se proveen hogares para los matrimonios y para sus hijos en proporción al número de estos. Los hermanos solteros y las hermanas solteras comparten habitaciones, de acuerdo a las necesidades y posibilidades, con los del mismo género.

De acuerdo al patrón de las congregaciones apostólicas del primer siglo, todas las comidas las compartimos juntos.

Formamos una nación agrícola, por esto la mayoría de nuestras comunidades están establecidas en granjas.

La visión que tenemos como nación nos guía a no depender, en la medida que podamos de las leyes del mercado, y sobre todo, en lo que concierne de la alimentación de nuestra gente. Queremos alimentarnos bien y controlar lo que comemos pues de esto depende en gran medida la salud de nuestro pueblo, por esto practicamos la agricultura ecológica. Tampoco queremos que nuestra alimentación este expuesta a las crisis económicas u otras fuerzas externas que no controlamos.

Nuestras granjas son “santuarios” donde se respeta la creación y los ciclos naturales de las plantas y los animales. Es el ambiente donde queremos que crezcan nuestros hijos, en contacto con la naturaleza, aprendiendo del Creador a través de ella.

La vida agrícola también nos facilita el poder llevar a cabo muchas de las actividades propias de nuestra fe al no depender tanto de horarios, y nos provee del espacio que necesitamos para celebrar reuniones y los festivales de nuestra cultura.

Trabajamos para conseguir el dinero que necesitamos para vivir. Cada iglesia-comunidad tiene una o varias industrias que le permite vivir y cubrir las necesidades de sus miembros. Trabajamos en actividades relacionadas con la construcción, la industria artesanal, la restauración, el comercio, y sobre todo la agricultura.

Todas las industrias son de nuestra propiedad y son manejadas por nosotros. No trabajamos en empresas ajenas a la comunidad.

Las bases de nuestra economía comunitaria son el autocontrol, en lo que se refiere a nuestras necesidades, y la sabia administración de nuestros recursos. Todo aumento en lo que uno considera necesidad tiende a aumentar nuestra dependencia de fuerzas externas que no podemos controlar, y por lo tanto aumenta la tendencia al temor de no de tener cubiertas las necesidades diarias. Este es el escollo[1] en el que mucha gente tropieza. Solo controlando nuestras necesidades podemos promover una reducción en estas tensiones, que son la mayor causa de conflictos y guerra.

Sabemos que Dios bendice todo lo que sea agradable a su vista. No hay nada malo en ganarse la vida trabajando con nuestras manos, pero no podemos ser llevados por la ansiedad compitiendo en el mercado del mundo, sino que debemos buscar primero su reino y su justicia y todo lo que necesitamos nos será dado.

Nuestras industrias son artesanales, y solo hacemos productos de calidad que causen a la gente bendecir el Nombre que tenemos que guardar delante de las naciones.

El foco principal de nuestro trabajo comunal no es cubrir nuestras necesidades económicas, ya que nuestro Padre dijo que Él proveería para todas nuestras necesidades de acuerdo a su gloria y riqueza, sino que es algo decretado por Dios para el bien del cuerpo y el alma del ser humano.

En un ambiente familiar, el trabajo y las relaciones establecidas a través de él son la médula espinal de las iglesias-comunidad que forman el Cuerpo del Mesías.

En todo nuestro trabajo, el objetivo es hacerlo para los demás. Solo así es sano para el alma y el cuerpo. Trabajamos en pequeños grupos para que el trabajo sea una enriquecedora experiencia personal.

 

1. Mateo 6:31 [atrás]
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