Doce Tribus
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Padre e Hijo

A comienzos del siglo 20, la vida en el sur de los Estados Unidos era simple. Después de sobrevivir a los estragos de la guerra civil, los sureños salían adelante con la voluntad de empezar de nuevo a pesar de las grandes dificultades que tenían que afrontar.
En este ambiente nació Elbert Eugene Spriggs, Sr. Era muy respetado por todos los que le conocían. Sus profundas convicciones religiosas se reflejaban en una vida de buenas obras. Había nacido treinta y cinco años después de la guerra civil. La industria acababa de recuperarse cuando el joven Elbert llegó a Chattanooga (Tennessee) y encontró trabajo en una fábrica de hilo de algodón.
Mientras en los años veinte los jóvenes disfrutaban en el norte, en el sur no era así y Mr. Spriggs trabajaba duro en la fábrica durante todo el día para salir adelante. Construyó una casa pequeña en una parcela en el bosque a poca distancia de la fábrica, para levantar a su familia. Entre las dos guerras le nació en East Ridge, Tennessee, Elbert junior, al que llamó con el sobrenombre de Gene.  Mr. Sprigg estaba contento de tener un hijo y esperaba que éste siguiera sus pasos.

Gene amaba y respetaba a su padre y quería agradarle. Pero según crecía la presión social de sus compañeros era demasiado para él, y cuando llegó al instituto se encontró haciendo cosas que sabía que estaban mal. El padre de Gene nunca dio su aprobación al modo de vida de los adolescentes de después de la guerra.
Gene creció  y comenzó a trabajar, su vida laboral podría parecer un éxito. Trabajó  como profesor en un instituto,  como director de personal en una empresa, secretario del Rotary Club, director de una importante agencia de viajes, pero lo que hacía no le satisfacía.
La muerte de su padre le afectó profundamente. En su lecho de muerte Mr. Spriggs urgió a Gene a dar su vida a Dios. Sin saber lo que esto significaba, le prometió a su padre que lo haría.
En una ocasión fue a visitar a un conocido que regía un viejo carnaval de estilo sureño. Ahí fue cuando se dio cuenta de la degradación humana. Con gente que no tenía la “cultura” para esconder su condición  miserable. Caminado por el centro del carnaval, Gene experimentó vívidamente la profundidad donde había caído la humanidad. Observar la monstruosidad, el engaño, la inmoralidad, la burla a ambos lados, le rompió el corazón. En su angustia escuchó una pregunta en lo profundo de su alma ¿es esto para lo que te he creado? Era una pregunta inquietante, no era solo personal, sino que trascendía a toda la humanidad. La cuestión era abrumadora y Gene no sabía que responder.
Ese día fue al hotel, se puso de rodillas, clamando al que le había planteado la cuestión, golpeando el suelo con los puños, confesó a su Creador que sabía que la manera en que vivía no era para lo que había sido creado. Expresó su profunda tristeza por cómo había vivido su vida sin control desde la adolescencia. No sabía para que había sido creado, pero quería ser salvo de los pecados que le impedían llevarlo a cabo. Y quería que otros encontraran también el propósito para el que habían sido creados y quería ser libre de esa “existencia carnavalesca” en la que parece que toda la humanidad se está hundiendo.  Desde ese día Gene empezó a ser diferente.
Era 1970 y Gene tenía treinta y tres años. Después viajó a California con una intención diferente, rendir su vida al Creador y cumplir el propósito para el que había sido creado.

Movimiento de Jesus

En California, el “Movimiento de Jesús” a principios de los setenta estaba en pleno apogeo ¡Había tanto entusiasmo entre la gente joven! Gene nunca había visto en toda su infancia religiosa. Trabajó como voluntario en una misión de rescate y en él creció una carga especial por jóvenes con problemas que viajaban buscando significado a la vida.  Pero pronto se dio cuenta que la mayoría de las personas en el movimiento, no tenían la misma convicción en sus corazones que él tenía. Todo estaba comenzando a volver al status quo de la religión establecida.
    En medio de estas circunstancias, caminando  pensativamente a lo largo de la playa, Gene encaró la realidad de las palabras que había leído en la biblia en el evangelio según Juan “Yo soy la vid y vosotros las ramas, el que mora en mí y yo en él, produce mucho fruto, porque aparte de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).  Dios estaba hablando en lo profundo de su corazón.  Amaba esa voz que escuchaba.  Sabía que  Dios era amor, y entonces clamó en lo más profundo de su ser, diciéndole, “Todo lo que quiero hacer es amar”.
    Después de algunos meses, dejó California dirigiéndose al este. Había escuchado que las Montañas Rocosas estaban llenas de gente que había abandonado el estilo convencional de vida y estaban intentando encontrar la paz de una manera alternativa.  Tal vez allí podría encontrar personas que escucharan las buenas nuevas de salvación que él había encontrado en el salvador del mundo.

Una Atea Radical

En un pequeño pueblo virgen de las Montañas Rocosas, vivía una joven llamada Marsha. A diferencia de Gene, había sido educada sin conocer nada acerca de la biblia, y podía contar con los dedos de la mano las veces que había estado en una iglesia.
    El vacío de la vida en la escuela en el sur de California donde vivía entonces y las relaciones superficiales, la había llevado a aquel pequeño pueblo buscando amor y paz y una vida más cercana a la naturaleza.
    Cuando Gene apareció en el pueblo ella se admiraba de la pasión que él tenía, pero le ofendía su biblia.  Marsha se dio cuenta de su propia hostilidad cuando él expresaba lo que pensaba acerca de Dios, e intentó ser amable y escucharle. Cuando él leía que Dios es amor, ella se sorprendía que tan hermosas palabras estuvieran escritas en la biblia.  Gene le habló de un hombre, el Mesías, que habiendo vencido todo egoísmo, y terminó muriendo a manos de los hombres egoístas de este mundo. Aquella muerte significaba la salvación para todos los hombres, que creyeran. El salvador, del que Gene hablaba, enseñaba altos estándares de justicia.  Seguramente, si un pueblo hiciera lo que este hombre decía, resultaría una sociedad como la que Marsha siempre había soñado.
    Marsha bombardeó a Gene con preguntas desafiantes.
    Preguntas para las que Gene no tenía respuesta. Todo lo que él sabía era que el Hijo de Dios le había salvado y que no era culpa de Dios que la gente no obedeciera sus palabras.
    Marsha no podía negar la verdad de lo que estaba escuchando.  Asombrosamente, esta atea puso su confianza en el hijo de Dios convencida que Él era la única esperanza para la humanidad.  Poco después, se casaron, unidos en una alianza que ha resistido la prueba del tiempo por más de cuatro décadas.

El Último Lugar en la Tierra

Aunque Gene tenía una nueva vida y estaba casado con una mujer que compartía sus convicciones, sabía que había algunas cosas sin resolver de su antigua vida en Tennessee. Y que no podía dedicarse al propósito de Dios hasta que su conciencia quedara completamente limpia. Encararse con su pasado fue difícil para Gene y para Marsha. El sur de los Estados Unidos era el último lugar donde le hubiera gustado estar, estando empapada de falsos prejuicios liberales por su educación californiana. Pero sus vidas ya no les pertenecían. Ahora vivían para su salvador, así que allí fueron.
    Durante este tiempo, atendían a los servicios de muchas iglesias,  donde su entusiasmo por su salvador llamaba mucho la atención. Decidieron abrir su casa a cualquiera que deseara venir y aprender acerca del salvador.  Mucha gente joven venía a reuniones en su casa, a cantar y hablar acerca de los caminos de Dios.  Las cosas que escuchaban y el amor que experimentaban causaron que muchos jóvenes dejaran de tomar drogas. Todos aclamaban este ministerio como una “gran obra”.  Cada domingo,  la joven pareja traía jóvenes a las diferentes iglesias que atendían.  El movimiento se hizo muy popular y todos estaban contentos con ellos.

La Brigada de la Luz

    La pequeña casa donde vivían, era conocida como la Casa de la Luz. Allí, alrededor suyo comenzó a formarse un pequeño pero sólido núcleo de gente joven que no deseaban volver sus casas. Gene y Marsha hacían lugar en su casa para todo el que venía.  Este pequeño grupo de creyentes comenzó a compartir su fe a través de un folleto  “underground”  llamado “La brigada de la luz”.  Estaban entusiasmados por el amor, la buena conciencia y la nueva vida que experimentaban.
    La respuesta era asombrosa; jóvenes aparecían a todas horas, en el día y la noche. Pronto necesitaron una casa más grande. Pero, ¿Cómo podían cubrir sus necesidades? Recibir donaciones estaba fuera de cuestión, porque la biblia les enseñaba “a trabajar honestamente con sus propias manos para tener algo que compartir con aquellos en necesidad”.  Esto era todo lo que deseaban hacer, trabajar juntos y compartir todo lo que tenían con los demás.   La respuesta llegó: construirían un pequeño restaurante (deli) en su ciudad de Chattanooga, Tennessee. Así nació el primer restaurante Yellow Deli en  mayo de1973.
    Comenzaron a hacer trabajos de jardinería para conseguir dinero y alquilar un pequeño local.  No tenían dinero para los materiales, pero encontraron la solución… Había gran cantidad de establos viejos y abandonados en los alrededores donde vivían, y algunos fueron a preguntar a los granjeros si no los querían.  Desmontando los viejos establos y recuperando los clavos usados, en pocos meses, un pequeño pero bonito restaurante fue construido.  Después de una capa de pintura amarilla, el cálido lugar estaba preparado para la apertura.  Era un lugar donde podían trabajar juntos para vivir, esforzándose para poner en práctica todas las cosas maravillosas que estaban aprendiendo acerca del amor y la justicia.
    A la gente le gustaba venir y sentarse a hablar durante horas en el acogedor restaurante.  Los periódicos locales publicaron coloridas historias acerca del grupo, dando brillantes reportajes de su trabajo y su menú.
    Comenzaron a vivir en una casa grande, con gran necesidad de reparación.  Estaba situada en la calle de la viña, en Chattanooga.  Así que la llamaron “la casa de la viña”.
    Así que, ahora tenían un hermoso “Yellow deli” y una casa grande y bonita donde vivían y trabajaban todos como una gran familia.  Nunca se les ocurrió cobrar sueldos;  “Trabajamos juntos,  pagamos nuestras facturas, comemos y vivimos de una manera sencilla.  Con esto somos felices”.
    El pequeño grupo de creyentes, aun atendía a los servicios de varias iglesias pero pronto comenzaron a aparecer los problemas. Algunos, en las congregaciones, se quejaban de los “hippies” y de la gente negra que invadían sus respetables reuniones.  El pequeño grupo se preguntaba cómo era que algunos en las iglesias eran tan ricos cuando a su alrededor había tanta gente pobre. ¿Por qué son tan fríos y distantes cuando entramos? ¿No estaban llamados, como cristianos, a vivir una vida de amor desinteresado por sus semejantes?
    Un domingo todo llegó a un punto crítico.  La iglesia a la que asistían había cancelado su servicio porque en la televisión, se retransmitía un partido de futbol.  Desde aquel día, el grupo de discípulos del Yellow Deli dejaron de asistir a los servicios de la iglesia.  En su lugar, los domingos por las mañanas se iban a un parque donde cantaban y alababan a su Dios.  Después de todo, en la biblia no estaba escrito que tenía que haber un predicador en un púlpito y que todos los demás debían escuchar sentados en sus bancos.  Por lo contrario, 1 Corintios 14 enseñaba que todos deberían aportar algo, un salmo, una enseñanza, una canción para cantar.  Todos deberían participar.
    Aquella elección fue muy significativa para este incipiente grupo de “celotes”.  Cuando ellos dejaron de “ir a la iglesia” y comenzaron a ser la iglesia, algo maravilloso empezó a ocurrir.  Comenzaron a descubrir quiénes eran y que era lo que Dios quería que ocurriera en la tierra.  Versículos de la biblia que no habían visto antes, comenzaron a revelárseles.  Con gran emoción, descubrieron que  los discípulos en el primer siglo vivían como ellos estaban viviendo.  En el libro de los Hechos de los Apóstoles 2:44 decía: “Todos los que creían estaban juntos y tenían todas las cosas en común”.  Y en Hechos de los Apóstoles 4:32 era todavía más claro: “Todos los que creían eran de un corazón y un alma, y ninguno decía ser suyo lo que poseía sino que compartían todo lo que tenían.”

Comunidad Cristiana de la Viña

    En aquel tiempo se levantaron oponentes entre la gente religiosa en contra del pequeño grupo de discípulos.  Ya no era más un pequeño y agradable ministerio que compensaba la falta de atención de la iglesia hacía los jóvenes.  Ahora se habían convertido en una entidad aparte “La comunidad cristiana de la viña”.  Nunca pedían donaciones, enseñanzas, seminarios o aprobación a las iglesias establecidas.  Tenían su propia manera de hacer las cosas y levantaban sus propios líderes.  Entonces, la gente que antes no quería que entraran en sus iglesias, estaban ofendidos porque habían dejado de asistir.  Los miembros de la comunidad no entendían realmente lo que estaba pasando e intentaban hacer la paz, pero sus esfuerzos fueron inútiles. Cuando trataban de explicar que, de acuerdo a la biblia, solo estaban haciendo lo que era normal para los creyentes, se empeoraban las cosas. “Estáis diciendo que sois los únicos” era lo que comúnmente les respondían.  Mentiras y rumores calumniadores comenzaron a surgir acerca de ellos. De repente, dejaron de ser populares.
    Durante todo este tiempo su número aumentaba. Compraron  otra casa, y otro Yellow Deli, y más casas y más Delis.  En el transcurso de cinco años, había siete restaurantes Yellow Deli en Chattanooga (Tennessee) y una docena de casas.  Y aun, manejaban sus bienes como al principio, compartiendo voluntariamente todo lo que tenían.
    También se ocupaban cuidadosamente de declarar los ingresos de sus negocios, porque su Maestro les había mandado pagar sus impuestos.  Pero en sus casas, vivían como una gran y feliz familia, cuidando de las necesidades de cada uno.
    En 1976, por primera vez después de tantos años sin problemas, dejaron de ser un grupo de jóvenes que amaban a Dios y lo que hacían ya no estaba tan bien visto.  Se puso de moda la palabra “secta” que se utilizaba para perjudicar a cualquier grupo que pareciera diferente.  Llegaron los tiempos difíciles  que comenzaron a probar la devoción de cada uno, pero los que permanecieron probaron tener una verdadera convicción de corazón.
    Durante estos primeros años muchos venían y marchaban. Pero otros han permanecido fieles unos a otros durante más de cuatro décadas, y están dedicados  a esta forma de vida y al Dios que les habló acerca de su existencia y el propósito para el cual fueron creados.
    En pocos años, se corrió la voz acerca de la comunidad. Y en el estado de Vermont había un grupo de familias que deseaba conocer más acerca de esta vida comunal. Sentían que era una representación  más cercana de lo que habían leído en la Biblia acerca de los primeros discípulos. Enviaron a algunos para ver y aprender más de la comunidad. Cuando volvieron con su informe, este pequeño grupo de familias, con gran entusiasmo invitó a Gene y Marsha para que les visitaran en Vermont.
    No mucho tiempo después, en el año 1977 la joven pareja fue a Island Pond (Vermont) un pequeño pueblo pobre cerca de la frontera con Canadá.  Allí les esperaban, querían escuchar lo que Gene tenía para decir y hacerle muchas preguntas.  La última fue, ¿Puedes venir a vivir aquí y ayudarnos a tener la misma vida que tenéis en Chattanooga?  Cuando les ofrecieron pagar por sus servicios, Gene amablemente se negó a recibir dinero.  Este trabajo a cambio de dinero no era parte del evangelio que él conocía.
    Unas semanas después, una pequeña delegación llegó desde la comunidad en el sur.  Gene, y otros ayudaron a esta gente sincera a que entendieran que la vida de comunidad no era una “opción cristiana” para expresar su fe, sino el Camino del que se hablaba en el libro de los Hechos de los Apóstoles.  Esta era la manera en que los discípulos deberían vivir.  Algunas de las familias en Vermont quisieron  unirse a ellos para tener esta vida.  
En el primer año se juntaron alrededor de cincuenta personas.  La composición de esta comunidad, era diferente de la que había en el sur.  Sus miembros eran más mayores, con familias que ya tenían hijos en la adolescencia o en sus veinte.  Tenían tierras, casas y también negocios establecidos.
Una pareja que había pasado su vida ahorrando para establecer un centro de  retiro cristiano, pusieron todo en la nueva comunidad de discípulos en Island Pond.  Algunos dejaron sus trabajos porque les impedía poder dedicarse a esta nueva vida. Otros adaptaron sus actividades para que pudieran ser parte de la economía común. Todos se ajustaban a las demandas de la nueva vida para poder estar disponibles para ayudarse unos a otros.
Esto era un gran proyecto y la comunidad en Vermont necesitaba más ayuda de discípulos experimentados.  Pronto otros se mudaron desde Chattanooga para ayudar a establecer empresas, enseñar a los niños y mantener las casas.  El nuevo grupo fue conocido como la “Comunidad del Reino del Noreste”.    
A mitad de los ochenta, todos los discípulos en las comunidades del sur habían ido trasladándose y el pequeño pueblo de Island Pond, Vermont, aumentó un diez por ciento en población.
Dieter y Martin, dos alemanes que se habían convertido en discípulos de Yahshua (Jesús) mientras visitaban los Estados Unidos, necesitaban volver a su país de origen porque sus visas habían caducado.  Las comunidades en América no podían pensar en dejar a estos dos discípulos solos, así que enviaron a Gene y Marsha para ayudarles.  El encuentro con la rígida cultura alemana fue difícil, pero cuando Martin presentó a Gene delante de sus viejos amigos alternativos en el pequeño pueblo de Steinenberg, algo inesperado ocurrió.  Muchos de los amigos de Martin se enamoraron del salvador del cual Gene hablaba, el hombre que les amó tanto que tomó su lugar en la muerte, y algunos decidieron seguirle.
Entonces hubo que enviar gente a ayudar a la pequeña comunidad que estaba formándose. Durante este tiempo, Gene y Marsha viajaron a través de toda Europa buscando comunidades que pudieran compartir su entusiasmo por Dios.  Cantaban y danzaban en los mercados donde vendían pan casero, imprimían folletos en alemán, y salían a caminar con sus mochilas buscando por las carreteras y los pequeños pueblos gente que quisiera seguir al Salvador.  Algunos respondieron. Así comenzó “el pequeño rebaño”.  Pero no pasó mucho tiempo antes de que las autoridades locales les pidieran irse.  Entonces el grupo partió en busca de un hogar.
Durante un año anduvieron por Francia, España y Portugal.  Ellos y también sus amigos en América oraban diariamente que pudieran encontrar una casa grande.  Entonces ocurrió un milagroso encuentro con una bondadosa mujer, propietaria de un hotel en las costas del Mediterráneo en España, que les ofreció una vieja mansión en el sur de Francia, que pertenecía a su familia.  El precio estaba fuera de su alcance, pero ella les ofreció quedarse como cuidadores de la propiedad hasta que su familia lo vendiera.  El lugar era perfecto.
Cuando llegó el tiempo en que la familia quería vender la mansión, dos años más tarde, los discípulos de las comunidades en América no podían soportar ver a sus amigos en Francia deambulando una vez más, así que trabajaron día y noche para conseguir el dinero para comprarla.  Justo a tiempo, el dinero necesario llegó a Francia y la comunidad finalmente tenía una casa propia.  Mientras tanto, nuevos discípulos estaban siendo añadidos a su número, no solo de Francia, sino también de Alemania, España y asombrosamente de Australia.
Y así fue. A menudo por causa de difíciles circunstancias, y siempre con un gran costo personal, los discípulos eran enviados a establecer comunidades (iglesias-comunidad).  Pero aquello, después de todo, era el fundamento bíblico que había sido puesto desde el comienzo: cubrir la necesidad más apremiante, dar de los que les sostenía y hacer cualquier cosa que el amor pida.  Nadie se había sentado a planear como esparcir su creencia o su forma de vida.  No habían intentado convertirse en una red mundial.  Sin embargo, en 1.990, habían sido establecidas comunidades religiosas en cuatro países además de los Estados Unidos.
En el año 2.000, habían sido establecidas otras comunidades religiosas en España, Alemania, Argentina e Inglaterra, y muchas más en el medio oeste de los Estados Unidos, California y en el sur de los Estados Unidos.
Así como nunca habían buscado convertirse en un movimiento a nivel mundial, la comunidad religiosa tampoco nunca hubiera imaginado que estaban cumpliendo las profecías bíblicas.  Pero con el paso de los años, gradualmente, se veía que algo muy especial estaba sucediendo y que estaban viviendo un tiempo muy significativo en la historia.
Lo que leían en la biblia sobre la iglesia del primer siglo les afirmaba en lo que hacían. Los Hechos de los Apóstoles describían discípulos que vivía una vida radical de amor sacrificado unos por otros, sin egoísmo,  y eran diferentes de la sociedad que les rodeaba. El mensaje que los primeros discípulos habían escuchado, les llamó a abandonar sus redes de pesca, sus casetas de impuestos y dar todas sus posesiones personales.
Un creyente tenía que vivir aquella vida de sacrificio propio antes que tuviera la autoridad para llamar a otros a obedecer.  Este fue el principal foco de la comunidad religiosa en los setenta, limpiar su propia casa antes de intentar predicar al mundo de alrededor.
Durante los ochenta la comunidad religiosa continuó fascinada con los registros bíblicos.  Gradualmente, cayeron en la cuenta que la iglesia del primer siglo había sido, no solo una religión, sino una nación, conocida como la mancomunidad de Israel,  todos los que la formaban eran sacerdotes y tenían una cultura propia.  Pieza por pieza el puzle comenzaba a tomar forma.
A medida que la comunidad estudiaba las profecías y la historia del Antiguo Testamento, los pasajes del Nuevo Testamento se hacían más claros.  Vivir de acuerdo a la ley natural no estaba mal, y Dios tenía una recompensa para todos los que se esfuerzan en hacer el bien.  Pero la buena moral, no cumple el propósito de Dios en la tierra.  Antes que el Mesías pueda volver a la tierra para establecer su reino, tiene que haber un pueblo, separado de las naciones del mundo, que vivan sus vidas obedeciendo sus mandamientos.
En el libro del profeta Isaías 49:6 dice de “levantar las tribus de Jacob para ser la luz de las naciones y que su salvación alcance todos los confines de la tierra”.  Y esto es a lo que se refería el Maestro en el evangelio según Mateo 12 24.
Los discípulos en la comunidad se dieron cuenta que el reino de piedra en la profecía de Daniel  podía solamente ser establecido a través del amor, personas enlazados por un profundo afecto basado en los sacrificios que hacían unos por otros, en  respuesta a Aquel que dio todo por ellos.

Nuestras "Doce Tribus"

Y  así la historia de nuestras “Doce Tribus”, que se esfuerzan día y noche, ha alcanzado un punto crítico. Actualmente hay iglesias-comunidad establecidas en doce áreas geográficas, con muchos hombres y mujeres que han sido probados y se han mantenido fieles durante décadas. Una rica cultura está surgiendo en nuestro medio. Tenemos una visión clara acerca de nuestro destino profético y estamos aprendiendo a volver el corazón a nuestros hijos para que nos sigan en el Camino de nuestro Dios.
Pero nos enfrentamos a una gran prueba ¿Permaneceremos verdaderos a la revelación original que fue dada a un hombre sincero hace más de cuatro décadas, “aparte de mí no podéis hacer nada”? (Juan 14:21)  Ahora somos una nación espiritual de doce tribus. El reto es depender totalmente del Espíritu de Amor, y no de nuestras propias habilidades naturales para no ser presa del orgullo, los deseos egoístas y la transigencia que han causado la caída de todos los movimientos en los últimos dos milenios. Todo depende de esto.

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