Doce Tribus
943.63.23.16
 
 
Hola Invitado, login
 

En el año 2001 compramos la preciosa granja en Bavaria, llamada Klosterzimmern. Antes de mudarnos aquí, nos propusimos responder a todas las preguntas de nuestros futuros vecinos en un debate público. Deseábamos hacer frente a la comprensible desconfianza que pudiera surgir hacia nosotros por parecer algo nuevo o extraño.

Durante los doce años que hemos habitado aquí, hemos hecho un esfuerzo por ser buenos vecinos y cultivar relaciones amistosas con las granjas y pueblos que nos rodean. Tuvimos un restaurante en Nördlingen durante varios años y abrimos una tienda de productos agrícolas en medio de nuestra propiedad. Durante los últimos seis años hemos abierto nuestro pueblo y nuestros corazones a todos aquellos que han querido conocernos en nuestro Festival anual “Hoffest”.

Siguiendo los dictados de nuestra fe y conciencia educamos a nuestros hijos en los caminos de Dios. Por esto no les enviamos a la escuela pública. Desde el principio buscamos el dialogo con la administración y las autoridades escolares para encontrar una solución a nuestro conflicto de conciencia con las leyes nacionales. Respetamos la autoridad y queremos apoyar las leyes de este país, pero este asunto choca con nuestra fe. Así, nos encontramos en el mismo aprieto que el apóstol Pedro, quien respondió a la autoridad de su tiempo, cuando su obediencia a Dios fue desafiada, que debía obedecer a Dios antes que a los hombres.

En este caso, tomamos la misma decisión que Pedro. Dios, quien nos dio a nuestros hijos y ante quien tenemos que responder un día de como los hemos educado, nos ha dado el claro mandamiento de educarles en su camino. Por lo tanto, como Martin Luther dijo ante el gobierno alemán: “Aquí estamos, no podemos hacer otra cosa. Que Dios nos ayude. Amén”.

Entre los años 2002 y 2004, después de muchas visitas a las autoridades, los dos frentes opuestos llegaron a adquirir una forma clara y definitiva. Nuestras convicciones de conciencia y nuestra fe chocaron con las leyes alemanas. Recibimos multas, fuimos a juicios, nuestra propiedad fue incautada y nuestras cuentas bancarias asaltadas. Entonces, sorprendentemente, nuestros hijos fueron llevados a la fuerza a la escuela por cien policías bajo el mando del jefe del condado. Finalmente, los padres de los niños en edad escolar fueron sentenciados a la cárcel. Siete de los padres fueron encarcelados de hecho.

Soportamos estas situaciones en fe, orando con la esperanza que Alemania proporcionara un lugar para nuestra vida. Milagrosamente nuestras oraciones fueron respondidas. La gente en el Ministerio de Educación y en las autoridades locales cambió. De repente encontramos gente que habían decidido en sus corazones encontrar la manera, dentro de la rígida estructura de la ley, para que pudiéramos educar a nuestros hijos. Abrieron el camino para que pudiéramos ejercer nuestra fe, en concordancia con la ley fundamental alemana.

Así fue fundada en 2006 nuestra pequeña escuela privada. Durante los siguientes seis años desarrollamos una relación positiva con las autoridades escolares. Encontramos la manera de que las autoridades pudieran cumplir con su obligación de supervisar nuestra educación sin interferir con nuestra fe y la crianza de nuestros hijos. Dos veces al año los niños eran examinados por un maestro y un psicólogo para evaluar su progreso académico. Estas evaluaciones fueron siempre muy satisfactorias tanto para las autoridades como para nosotros. Nuestros hijos, que se habían familiarizado con el maestro que les examinaba, estaban ansiosos por mostrar lo que habían aprendido, y el maestro disfrutaba del entusiasmo con el que los niños aprendían.

En 2010 decidimos que nuestros hijos mayores pasaran su examen final, no tanto por sus carreras personales, sino para probar que nuestra escuela no se quedaba atrás con respecto a los estándares de la escuela pública. Los resultados del examen fueron satisfactorios para nosotros y las autoridades. Todo iba realmente bien…

…hasta que un ex miembro descontento hizo su meta personal el vengarse de nosotros por el daño recibido, trayéndonos problemas. Un artículo negativo en una revista arrojó una mala imagen de nosotros y desde entonces hemos sido escrudiñados con mucho recelo. Las mismas autoridades con las que habíamos tenido una relación abierta y amistosa durante muchos años, y que habían llegado a conocer a nuestros hijos y observado su conducta, fueron repentinamente presionadas para que no creyeran más en nosotros. Esto fue muy duro para nosotros.

Quisimos responder a las preguntas justificadas acerca de las acusaciones publicadas y tuvimos varias reuniones con las autoridades. Consentimos al examen de la salud física y psicológica de nuestros hijos. Nos arrepentimos después, porque estas revisiones violaron la dignidad de 42 de nuestros niños y jóvenes en edades entre 1 y 17 años. Tuvieron que desnudarse delante de un médico estatal. Más tarde nos pusimos de acuerdo en que no consentiríamos ningún otro examen de este tipo.

Nuestro corazón era hacernos entender y probar que las acusaciones eran falsas, pero cuanto más buscamos dar explicaciones a los desconfiados funcionarios, más nuestras declaraciones fueron mal interpretadas y retorcidas. Todos los ex miembros fueron localizados e interrogados por la policía. Y aunque ninguna de las investigaciones ha podido probar que las acusaciones son verdaderas, todavía estamos siendo presionados por la policía y la seguridad del estado, acusados de haber infligido peligrosas lesiones corporales a nuestros hijos. Además, la custodia de nuestros hijos está en juego.

¿Tenemos que soportar todo esto sólo por unos artículos negativos en la prensa? ¿Qué sucedió realmente en el gobierno? ¿Por qué los años de excelentes informes y relaciones entre nosotros, nuestros hijos y las autoridades de educación ya no importan? ¿? Cuantas pruebas más de que no se ha hecho daño a nuestros hijos podemos dar aparte de las que ya tienen?

No hemos cambiado. Continuamos viviendo nuestra vida como antes. Las vidas de nuestros hijos son las mismas. Les estamos criando de acuerdo a nuestra fe como hemos hecho durante décadas. Continuaremos educándoles aunque no seamos maestros con un título oficial.

Ahora nuestra pequeña escuela ha sido clausurada y no entendemos porque. Nos preguntamos si los maestros que nos examinaron y los asistentes sociales están realmente de acuerdo. Si, y continuaremos educando a nuestros hijos de acuerdo a la Palabra de Dios. Están aprendiendo a respetar su palabra, y también la de sus padres, maestros y otra gente en autoridad, como la policía o los adultos.

Nuestros hijos crecen conociendo límites y autoridad. Están felices y contentos, aprenden diligencia, comen sano, y crecen para llegar a ser adultos responsables y razonables con sus propias convicciones. Cuanto mejor fruto vemos en nuestros hijos, más seguros estamos de nuestras convicciones, para seguir por el camino que hemos escogido y no transigir.

¿Por qué estamos siendo atacados con tanta vehemencia? ¿Qué hacemos que merece castigo? Si tuviéramos una dirección diferente tal vez no estaríamos tan vigilados.

Pero todavía estamos en el Ries, y nuestras puertas todavía están abiertas. No tenemos nada que esconder, y el fruto de la educación de nuestros hijos todavía puede ser observado por cualquiera que desee conocer la verdad. Si el bienestar de nuestros hijos está siendo amenazado, huiremos a otros países, pero todavía tenemos la esperanza de poder tener la libertad de vivir una vida en paz acorde con nuestra conciencia y fe aquí en Alemania. Guardamos esta esperanza no solo por nosotros, sino también por causa vuestra.

Del corazón de vuestros vecinos en Klosterzimmern

Identificarse Registrar

Login

Usuario
Password *
Recordarme

Crear una cuenta

Los campos marcados con un asterisco (*) son obligatorios.
Nombre
Usuario
Password *
Verificar password *
Email *
Verificar email *
Avatar
Captcha *
Espera por favor!
Publicaciones recientes
  • El mundo entero se encuentra pegado a sus dispositivos inteligentes, que te dan la capacidad de...
  • El joven padre sostenía preocupado el precioso cuenco, mientras su hijo trataba de alcanzar la...
  • Trabajo en la construcción, y por lo general en ciudades saturadas de tráfico. Un día común como...