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Las bases de nuestra economía comunitaria son el autocontrol, en lo que se refiere a nuestras necesidades, y la sabia administración de nuestros recursos. Todo aumento en lo que uno considera necesidad tiende a aumentar nuestra dependencia de fuerzas externas que no podemos controlar, y por lo tanto aumenta la tendencia al temor de no de tener cubiertas las necesidades diarias. Este es el escollo[1] en el que mucha gente tropieza. Solo controlando nuestras necesidades podemos promover una reducción en estas tensiones, que son la mayor causa de conflictos y guerra.

Sabemos que Dios bendice todo lo que sea agradable a su vista. No hay nada malo en ganarse la vida trabajando con nuestras manos, pero no podemos ser llevados por la ansiedad compitiendo en el mercado del mundo, sino que debemos buscar primero su reino y su justicia y todo lo que necesitamos nos será dado.

Nuestras industrias son artesanales, y solo hacemos productos de calidad que causen a la gente bendecir el Nombre que tenemos que guardar delante de las naciones.

El foco principal de nuestro trabajo comunal no es cubrir nuestras necesidades económicas, ya que nuestro Padre dijo que Él proveería para todas nuestras necesidades de acuerdo a su gloria y riqueza, sino que es algo decretado por Dios para el bien del cuerpo y el alma del ser humano.

En un ambiente familiar, el trabajo y las relaciones establecidas a través de él son la médula espinal de las iglesias-comunidad que forman el Cuerpo del Mesías.

En todo nuestro trabajo, el objetivo es hacerlo para los demás. Solo así es sano para el alma y el cuerpo. Trabajamos en pequeños grupos para que el trabajo sea una enriquecedora experiencia personal.

 

1. Mateo 6:31 [atrás]