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Formamos una nación agrícola, por esto la mayoría de nuestras comunidades están establecidas en granjas.

La visión que tenemos como nación nos guía a no depender, en la medida que podamos de las leyes del mercado, y sobre todo, en lo que concierne de la alimentación de nuestra gente. Queremos alimentarnos bien y controlar lo que comemos pues de esto depende en gran medida la salud de nuestro pueblo, por esto practicamos la agricultura ecológica. Tampoco queremos que nuestra alimentación este expuesta a las crisis económicas u otras fuerzas externas que no controlamos.

Nuestras granjas son “santuarios” donde se respeta la creación y los ciclos naturales de las plantas y los animales. Es el ambiente donde queremos que crezcan nuestros hijos, en contacto con la naturaleza, aprendiendo del Creador a través de ella.

La vida agrícola también nos facilita el poder llevar a cabo muchas de las actividades propias de nuestra fe al no depender tanto de horarios, y nos provee del espacio que necesitamos para celebrar reuniones y los festivales de nuestra cultura.